La adopción: una alternativa justa para los animales

 Animales en AdopciónEspaña es uno de los países de Europa donde mayor número de animales se abandonan cada año. Las cifras ilustran claramente la magnitud de este problema: según el estudio anual de la Fundación Affinity, en 2009 se recogió un animal “de compañía” cada 3.5 minutos, entendiendo como tal solo a perros y gatos y no a otras especies “más exóticas”.Más de 9.000 protectoras se encargan de recogerlos, cuidarlos y logran la difícil misión de encontrarles un adoptante. Una labor que, aunque según los datos del barómetro de marzo de 2010 del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), es valorada muy positivamente por los ciudadanos, muchos de éstos no la apoyan, pues compran animales a criadores, en lugar de adoptar; fomentan las camadas, en lugar de la esterilización; en definitiva, no se paran a reflexionar que un animal no es un capricho que cuando pase de moda, podrán regalar o tirar a un contenedor.No le abandones

No lo piensan, pero cuando llega el momento lo hacen y pueblan este país de animales abandonados: rescatados los más afortunados y vagando miles de ellos en condiciones lamentables por caminos, calles y carreteras de pueblos y ciudades. Sin olvidar a los que utilizan a los animales para prácticas legales e ilegales como en el caso de los perros: la caza o las peleas, actividades de las que se derivan más abandonos, un maltrato continuo y prácticas y sacrificios aberrantes. No a todos los seres humanos se les debería permitir convivir con otro animal porque no todos están preparados para cuidarlo. Carecen de la capacidad o de la inteligencia emocional necesaria para tener conciencia de que la vida que “tienen en su manos” debe ser respetada y valorada.

LOS ABANDONOS EN ESPAÑA

Más de 150.000 perros y gatos fueron abandonados en España durante 2009. Sin embargo, el peligro de las modas ha “domesticado” a otros animales que se pueden considerar “exóticos” y que están aumentando su población considerablemente, lo que conlleva a que comiencen a ser abandonados. Esta necesidad ha hecho que ya existan protectoras especializadas en estas especies, que se suman a los perros y a los gatos y de los que no se poseen estadísticas aún. Chinchillas, perritos de la pradera, mofetas, mapaches, kinkajúes, coatíes, conejos, tarántulas, caimanes, cerdos vietnamitas, loros, buitres, tucanes, guacamayos, cíclidos, pirañas, boas constrictor, pitones regius, crótalos (serpientes de cascabel), mambas verdes, cobras egipcias, iguanas, tortugas de Florida o hurones son sólo una muestra de algunos de los animales no domesticados por el ser humano que se llevan a los hogares de forma irresponsable sin tener en cuenta las necesidades y los hábitos del nuevo huésped. Los abandonos de este tipo de animales suponen la colonización de ecosistemas diferentes a su hábitat natural y, como consecuencia, la alteración del equilibrio de aquellos, poniendo en riesgo la existencia de las especies autóctonas.

Las causas de los abandonos nos ilustran sobre la realidad y la relación de muchos seres humanos con el resto de animales. Según los datos recogidos por el estudio de la Fundación Affinity 2009 —circunscrito a perros y gatos—, los principales motivos de abandono fueron: el cambio de domicilio —a uno de menor tamaño o de alquiler—, las camadas indeseadas, la pérdida de interés por el animal, el comportamiento del animal, el fin de la temporada de caza, factores económicos, embarazo —toxoplasmosis en el caso de los gatos—, falta de tiempo por el nacimiento de un hijo, alergias, ingreso en un centro hospitalario o defunción y vacaciones. Repasando las razones que se ofrecen para “deshacerse” de un animal, excepto en caso de defunción, constituyen meras excusas que ilustran la falta de responsabilidad, educación y perspectiva ante la llegada de un nuevo miembro a la familia, un animal, como nosotros—recordemos que los seres humanos somos animales también— con derecho a la vida y con capacidad para sufrir. Por supuesto, en un apartado independiente, se encuentran los cazadores, un tipo de maltratador auspiciado por una actividad legal.

Cuando se cosifica a un animal, el cambio de situación de sus “dueños”, hace que la vida de éste penda de un hilo. El traslado de domicilio, a uno menor, o el alquiler lesofrece un motivo para abandonarlos; al igual que la pérdida de interés por los mismos:un 25% de los españoles ha recibido una mascota como regalo sin su consentimiento previo, según el Estudio Scalibor sobre el abandono de mascotas 2008, realizado por los laboratorios Intervet. Llama la atención que se compran como si fueran marcas de muñecos y, como los niños cada vez más pequeños distinguen las razas, sobre todo de perros, y muestran sus preferencias.Esto favorece el negocio de los criadores que las “elaboran” a demanda individuos de estética perfecta y a los que no cumplen los parámetros, se les priva del derecho a vivir.

Si aparece una situación imprevista, los animales tienen todas las papeletas de ser los primeros expulsados del hogar: factores económicos; embarazo el miedo a la taxoplasmosis hace que muchos gatos acaben en la calle y aquí, desgraciadamente, muchos ginecólogos optan por este camino, más fácil, en vez de informar del tema con rigor científico. En este punto es muy recomendable la lectura Embarazo, niños y gatos donde se explica a través de un caso real este tema; nacimiento de un hijo; alergias e ingreso en un centro hospitalario.

La irresponsabilidad de sus “dueños” hace también que el animal sea abandonado: las camadas indeseadas llegan por la tacañería ante el gasto que supone una esterilización, por la falta de educación animalista, la escasa implicación de muchos veterinarios y la obsesión de algunos propietarios en cruzar a sus animales para tener camadas que solo aumentan el problema de la superpoblación de animales domésticos en nuestro país. En cuanto al ingreso en un hospital, existen residencias para animales donde estos pueden pasar asimismo el periodo vacacional y cada vez más hoteles ofrecen la posibilidad de llevarlos con nosotros. La fundación Affinity publica una guía para viajar con animales de compañía.

En realidad, los motivos se pueden camuflar con muchas etiquetas, pero no existe excusa posible para abandonar a un animal, excepto la falta de conciencia, de educación y de ética. De la que carecen los cazadores que portan, en muchas ocasiones, la bandera del ecologismo para dejar un reguero de sangre a su paso, proveniente del amontonamiento de los cadáveres de animales que ellos llaman “piezas”. Pero no solo eso. Cuando acaba la temporada, miles de perros considerados inservibles son eliminados: o bien se les abandona, o bien se les da muerte. En 2005, la Federación de Asociaciones de Protección Animal (FAPA) aseguraba que más de 50.000 galgos fueron colgados de árboles, arrojados a pozos, quemados vivos, inyectados con lejía, o descoyuntados a golpes en España.

Ante las conductas anteriormente descritas, que llevan a un estado de indefensión a miles de animales cada año en España, solo existen dos caminos: el castigo o la educación. En el primer caso se topa con una legislación laxa. El abandono se considera tan solo como una falta en artículo 337 del Código Penal, lo que le supone al infractor una multa irrisoria, algo que sucede incluso en los casos de maltrato animal, sobre lo que se indica: “Los que maltrataren con ensañamiento e injustificadamente a animales domésticos causándoles la muerte o provocándoles lesiones que produzcan un grave menoscabo físico serán castigados con la pena de prisión de tres meses a un año e inhabilitación especial de uno a tres años para el ejercicio de profesión, oficio o comercio que tenga relación con los animales”. Lo que implica que el maltratador normalmente no ingresa en prisión por falta de antecedentes o por lo “interpretable” de los términos ensañamiento e injustificadamente para los jueces. En cuanto a la vía legal, existe un sujeto pasivo: el vecino, el amigo o el familiar que es testigo de un abandono o un maltrato y se queda paralizado, enfrentándose a una disyuntiva: “no está bien, pero tengo miedo a las represalias”. Es imprescindible denunciar, no se puede tolerar esta práctica, agachar la cabeza y olvidar lo que se ha visto. En la página del PACMA hay una guía básica para denunciar casos de maltrato animal. Para ilustrar lo anterior, tenemos los datos que ofrecía el Estudio Scalibor sobre el abandono de mascotas 2008, realizado por los laboratorios Intervet. De él se extraían datos tan “clarificadores” como los siguientes: el 92 % de los españoles publicaría un listado de quienes maltratan o abandonan animales; un 40% conoce al menos una persona que ha abandonado una mascota; el 90% de los españoles considera que las personas que abandonan animales deberían ir a la cárcel; el 98% de los españoles cree que el Gobierno debe endurecer las sanciones de la Ley de Protección Animal.

En cuanto la educación en el respeto a los animales, si comenzamos por los niños, debemos pensar en sus educadores primarios, ya que éstos son quienes se encargan de su misión educativa. Los principales son la familia y las instituciones de enseñanza. Como secundarios, se encuentran otro tipo de instituciones o personas que no tienen un fin pedagógico específico ni derechos especiales. Dado que en España el régimen democrático es reciente y, como consecuencia de no haber tenido una Ilustración, la consideración hacia los animales no es algo que se le haya inculcado a un individuo medio en nuestra sociedad, por lo que serían los colegios los que, por lógica, deberían educar en el respeto a todos los animales a los niños. No obstante, nos encontramos con un problema. El Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero se ha mostrado aperturista en cuando a la obtención de derechos por parte de colectivos sociales que carecían de ellos, pero los animales que no son humanos han sido ignorados. En los colegios se incluyó una polémica asignatura, Educación para la ciudadanía, que, en su temario, no trata el respeto, la consideración y los derechos de los animales. En manos de los profesores queda la opción personal de introducirlo en su programa docente. Dado este vacío educativo, cada vez son más las asociaciones y protectoras de animales las que están desarrollando programas educativos orientados hacia los niños e intentan llegar a los colegios para difundir este mensaje.

LA ADOPCIÓN, LA ÚNICA ALTERNATIVA ÉTICA Y RESPONSABLE

Tras la exposición anterior, la única alternativa justa para los animales es la adopción. Como se indicaba en la introducción, en España existen más de 9000 protectoras de animales que, en su mayoría, están superpobladas, con graves deudas económicas y con pocas o ninguna subvención pública. Las más afortunadas disponen de refugios, pero otras carecen de ellos y subsisten gracias a las “casas de acogida” donde voluntarios cuidan en su propia vivienda a los animales hasta que se encuentra un adoptante.

Cada vez es más habitual que en las protectoras se pueden encontrar no sólo perros y gatos, sino animales más exóticos que también esperan su segunda oportunidad. Algunas de ellas se han “especializado” en especies distintas y otras recogen animales enfermos o ancianos para que disfruten los últimos años de su vida en un entorno feliz. Una adopción no solo salva una vida, la del afortunado que ha encontrado un hogar, sino que da una oportunidad a un segundo animal que puede ser recogido o sacado de los Centros de Protección Animal de las Comunidades Autónomas.

Resulta sorprendente saber que muchas personas desconocen que tras el eufemismo Centro de Protección Animal se esconde una realidad muy distinta a la bucólica imagen de cachorritos correteando entre juguetes y jaulas limpias. No es extraño que los animales se contagien y mueran a causa de las infecciones dada la masificación que existe en estos lugares y la falta de implicación de sus trabajadores —no son voluntarios, como ocurre en las mayoría de las protectoras—. Lo más grave es que, excepto en Cataluña, donde existe una política de “sacrificio cero”, los que no sean adoptados serán sacrificados en los plazos que estipule cada Comunidad Autónoma.

Después de los argumentos aquí expuestos sólo existen dos vías éticas de proceder: entender la responsabilidad que conlleva convivir con un animal y concluir que no se está preparado para ello, o bien acudir a una protectora y adoptarlo, teniendo en cuenta que se debe firmar un contrato de adopción —lo normal es que la asociación haga un seguimiento del animal—, comprometiéndose a esterilizar y con su identificación reglamentaria (microchip) y sus vacunas pertinentes. Estos requisitos hacen que el “dueño” cumpla lo estipulado en la ley, pero lo más importante es acogerlo con amor y ofrecerle una nueva oportunidad para que sea feliz y disfrute de una vida plena.


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