Denuncia a los correbous

Un Momento De La Performance
Un Momento De La Performance

LA VANGUARDIA – En los correbous no hay término medio. Para los animalistas, existe sufrimiento y maltrato del toro, aunque la tradición exige que siga con vida. Para los defensores de los correbous de las Terres de l’Ebre, la tradición obliga a respetar al animal, protagonista de los festejos, y las denuncias son sólo un ataque malintencionado que siempre llega de fuera. Con las posturas irreconciliables, las entidades proteccionistas han registrado nuevas imágenes este verano, en el momento más álgido de la temporada de correbous, para probar que se infringe “sistemáticamente” la ley aprobada en el Parlament para regular los festejos tradicionales con bous.

Los antitaurinos, que preparan una nueva batería de denuncias, aseguran que no pararán hasta lograr la abolición de los correbous, como antes hicieron con los toros. Los defensores de los correbous advierten que si se llega a vetar la fiesta, su respuesta será contundente. “Si se prohíben los correbous, la sangre llegará al río en el Ebro”, dice José Luis Daudén, presidente de la Associació per la Defensa de la Tradició i la Cultura dels Correbous.


La aprobación en el Parlament de una ley específica con el fin de regular los actos con bous en las Terres de l’Ebre, con un reglamento que establece por vez primera multas económicas en caso de infracción, ha abierto también a los animalistas un nuevo escenario, tal y como temían los partidarios. “Hasta ahora todas las denuncias quedaban en nada. Con el reglamento las multas pueden ser de hasta 60.000 euros”, advierte Aïda Gascón, de Animanaturalis, que impulsa junto a otras entidades la campaña de denuncia contra las correbous.

Aïda es una de las activistas que este verano se ha camuflado entre los aficionados para registrar imágenes de denuncia. Antes del inicio de la temporada, las entidades proteccionistas ya anunciaron que intensificarían sus acciones. “Ahora podemos centrarnos en los correbous, porque logramos la abolición de los toros. Nunca hasta ahora había existido una campaña real en contra”, recuerda Gascón.

No es tarea sencilla grabar imágenes en los correbous. Lo saben bien algunos fotoperiodistas que, cuando acuden a realizar su trabajo, reciben amenazas, e incluso han llegado a ser agredidos o lanzados al mar. Los animalistas están en el punto de mira de los protaurinos, por lo que cualquier persona con cámara de fotos o vídeo es sospechosa. “Más que a la defensiva, su actitud es ofensiva”, advierte Gascón.

Para lograr sortear el control de los defensores de los correbous, algunas entidades proteccionistas han logrado involucrar a personas de las Terres de l’Ebre, que gracias a su acento, pueden pasar como aficionados. Para los animalistas, no es tarea fácil encontrar sobre el territorio personas dispuestas a significarse públicamente en contra de los correbous, porque hacerlo puede acarrear problemas, especialmente en municipios pequeños. “Nunca digo que estoy en contra cuando voy a grabar imágenes porque he recibido amenazas cuando me ven grabando”, explica Laia Jorge, vecina de Tortosa, integrante de Animanaturalis.

Cuando los antitaurinos han sido detectados en alguno de los festejos, dicen haber recibido amenazas e insultos. En Camarles, varios activistas acudieron a registrar imágenes en un bou embolat (toros con fuego) una de las modalidades más controvertidas. Para grabar imágenes junto al animal, miembros del Pacma (Partido antitaurino) se situaron en una torre en medio de la plaza. “Cuando nos descubrieron, nos amenazaron”, recuerda Gascón. Los activistas optaron por marcharse en el segundo bou, porque empezó a correr la voz por la plaza que éramos antitaurinos: “Si nos hubiéramos quedado, hubiésemos tenido problemas”. Antes, grabaron uno de los vídeos que se utilizarán como denuncia.

“Es cierto que se producen amenazas. ¿Pero qué quieren, que les demos una flor? Nos están haciendo mucho daño”, dice José Luis Daudén, presidente de la Associació per la Defensa de la Tradició i la Cultura dels Correbous. Los pro taurinos añaden, no obstante, que las cosas han cambiado, que ahora no se producen agresiones. “No nos tenemos que esconder de nada, que vengan y hagan vídeos, es la mejor manera de dar a conocer los correbous”, apostilla Daudén.

El seguimiento de varios de los correbous celebrados este verano ha permitido a los animalistas registrar nuevas imágenes de denuncia. Ahora, preparan la base jurídica sobre la que se sustentará cada una de las denuncias que tienen previsto presentar ante la Delegació de la Generalitat en las Terres de l’Ebre.

En uno de los vídeos, grabado en Camarles el pasado mes de julio, se observa un bou embolat atrapado en el cajón, en el lugar en el que se ubica para poder encender las bolas de fuego que se unen a su cornamenta. Los animalistas denuncian que al animal, aterrorizado, se le dieron patadas en el morro y se le estiró violentamente la cola para que saliese del cajón.

En Sant Carles de la Ràpita, los proteccionistas grabaron el recorrido de uno de los bous por las calles del municipio, con imágenes en las que aseguran se puede ver como agredían al animal, poniéndole obstáculos, con señales de tráfico, para que tropezase. En una de las caídas sufrió un golpe muy fuerte en una de los cuernos, denuncian des del Pacma (Partido animalista contra el maltrato animal). En l’Aldea, aseguran que grabaron cómo un bou embolat sufrió quemaduras, porque no le cortaron con rapidez la cuerda, por lo que el animal se quedó unos cinco minutos sin poder salir del cajón, con el fuego sobre su cornamenta.

Precisamente en la Ràpita, miembros del Pacma aseguran que cuando se marchaba, tras registrar las imágenes, fueron “acorralados” por varios aficionados, incluido el presidente de la Agrupació de Penyes Taurines de les Terres de l’Ebre. “Nos increparon y amenazaron, educadamente, eso sí, nos dijeron que tuviésemos cuidado porque la gente estaba enfadada”, recuerda Gascón.

Con el nuevo reglamento, los animalistas sostienen que la situación cambiará, que las denuncias sí acabarán en sanciones a los ayuntamientos y los organizadores, con cantidades que van de los 600 a los 60.000 euros, en función de la gravedad de las infracciones. La base jurídica de las denuncias se fundamentará en el reglamento aprobado el pasado otoño por el Parlament.

No es fácil, no obstante, probar documentalmente las denuncias, por mucho que los animalistas aseguran que es una práctica más o menos habitual agredir a los toros, con palos o lanzándoles objetos, para lograr excitar al animal. Tampoco es sencillo demostrar, tal y como denuncian entidades proteccionistas, que muchos de los aficionados que saltan junto a los toros están ebrios; el reglamento obliga a sacar de los correbous a personas bebidas o que hayan consumido drogas. Probar la participación activa de menores tampoco es sencillo, pues sí pueden asistir como espectadores.

Los animalistas realizan periódicamente acciones de protesta en las Terres de l’Ebre. En primavera se manifestaron por las calles de Amposta. Ayer, lo hicieron en Sant Carles de la Ràpita, con un acto simbólico en el que aparecieron atados con cuerdas por el cuello, del mismo modo que se arrastra al toro en el la modalidad de bou capllaçat (ensogado). Los animalistas fueron increpados por partidarios de los correbous y escoltados por los Mossos. “Yo no les daría permiso para manifestarse porque vienen a provocar, a faltar el respeto a la gente, para que alguien se caliente y haya agresiones”, critica Daudén. Ayer no se produjeron más incidentes que los abucheos.


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