Álvaro Múnera, ‘El Pilarico’, de matador de toros a protector de los animales

Alvaro Munera
Alvaro Munera

Quedó parapléjico y jamás pudo volver a caminar. Veintidós años después, ‘El Pilarico‘ se ha convertido en un acérrimo defensor de los animales, incluidos los toros. “Comprendí que lo que a mí me hizo es lo mismo que yo le hacía a los toros.

Es que cuando un toro le partió el corazón a ‘El Yiyo‘ y la gente se cogía del pelo y lloraba mirando al ruedo, me pregunté y ¿qué cosa era la que nosotros les hacíamos a los toros?”, dice.

Álvaro Múnera, a través de la organización Fauna, busca representación en las corporaciones públicas para acceder a los presupuestos en defensa de los animales.

Estaba cerca de la consagración como torero cuando un toro lo postró en una silla de ruedas. Tenía 19 años.

A España llegó un 6 de marzo de 1984 con la ilusión de triunfar, después de una apoteósica faena en La Macarena de Medellín que le mereció el trofeo al mejor de la Feria.

Ese triunfo y Tomás Redondo, el apoderado de ‘El Yiyo’, su mejor amigo, le abrieron las puertas. Completó 22 corridas, hasta que la tarde del 22 de septiembre de ese mismo año, en Albacete, un animal lo cogió, lo tiró al aire ‘patas arriba’ y lo dejó caer de cabeza en la arena. Se fracturó la quinta vértebra cervical. Quedó parapléjico y jamás pudo volver a caminar.

Veintidós años después, ‘El Pilarico’ se ha convertido en un acérrimo defensor de los animales, incluidos los toros. “Comprendí que lo que a mí me hizo es lo mismo que yo le hacía a los toros. Es que cuando un toro le partió el corazón a ‘El Yiyo’ y la gente se cogía del pelo y lloraba mirando al ruedo, me pregunté y ¿qué cosa era la que nosotros les hacíamos a los toros?”, dice.

Hace parte de la Fuerza Anticrueldad Unida por la Naturaleza de los Animales (Fauna), que nació del cansancio de las entidades que trabajan por la defensa de sus derechos, “porque el Estado en materia presupuestal y de legislación no le pone atención al tema de la fauna”.

Lleva 10 meses de trabajos y la integran organizaciones como Corporación Raya, Defenzoores de la Universidad de Antioquia, Amigatos, Voluntariado Proanimales y Antitaurinos por la vida.

Para sus colegas, Múnera es un traidor. Él se defiende diciendo que ama el toreo. De hecho ha toreado vaquillas en su silla de ruedas y se casó en la plaza de toros La Macarena en medio de una becerrada. “Si fuera resentido odiaría a los toros, propondría los peores tormentos para quien mató a mi mejor amigo y a mí me dejo inhábil”, agrega.

A ‘El Pilarico’ lo marcan dos recuerdos. Uno, cuando el animal de nombre Terciopelo salió con agresividad espantosa, lo mandó para el hospital de parapléjicos en Toledo y tuvo que conocer la verdad sobre su nuevo estado.

Lucha desde el Concejo

A los cuatro meses lo trasladaron para Estados Unidos. Allá lo operaron otra vez y luego de tres años de rehabilitación empezó a tener movimientos. Ahí nace su segundo recuerdo, cuando la tía de una amiga que lo invitó a su casa a comer se quedó mirándolo cuando fue presentado.

Sin vergüenza, le dijo que se alegraba de que estuviera en silla de ruedas. “Ojalá nunca se levante de ahí, porque usted es un bárbaro, un asesino”, le repitió. Trató de argumentar diciéndole que el toro tiene oportunidad de salvarse y nació para ser lidiado.

Pero ella le replicó . ¿Qué el toro se hizo para eso? El toro es un ser vivo que siente como usted. Tiene un sistema nervioso que responde a los estímulos del dolor de la misma forma que el suyo. ‘Pilarico’ se quedó callado.

En 1997 Múnera llegó al Concejo de Medellín por un movimiento cívico liderado por los discapacitados. Ahora quiere hacerlo por los animales. Insiste en que a través de él tendrán voz y voto”.

JORGE IVÁN GARCÍA J.

Redactor de EL TIEMPO


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